ANÁLISIS DEL CUADRO: UNA MANOLA, LEOCADIA ZORRILLA
Una mujer madura o «manola» vestida de luto apoya su codo en un montículo de tierra sobre el que se ve una verja que habitualmente se colocaba en las tumbas.
La expresión del rostro es triste o nostálgica y se piensa que la tumba podría aludir al reposo definitivo de Goya, con Leocadia viuda del pintor, como premonición de la muerte o bien recordando la grave dolencia (tifus) que a punto estuvo de acabar con la vida del aragonés en 1819 y que refleja el cuadro de 1820 Goya curado.
La obra está iluminada por una luz amarilla en la cara, el brazo y el pecho de Leocadia, y esta tonalidad hace contraste con el negro del velo que cubre su rostro y la parte superior del vestido. La silueta de esta mujer está contorneada por una gruesa línea negra. «El paisaje claro del fondo contrasta con la escena clara del primer término, con un azul y nubes entre los más bellos que Goya pintara, no es el ambiente lo oscuro, lo es la escena».
El fondo del cuadro lo ocupa un cielo azul, blanco y ocre amarillento de luz de mediodía, lo cual abre el colorido a una gama menos tétrica que preludia su Lechera de Burdeos (h. 1825-1827).
Como en todas las Pinturas negras, la gama cromática se reduce mucho, pero en esta pintura en especial a los azules, negros y ocres.

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