ENTREVISTA A MARX
Las Lucis/ Cuéllar/ 10 de agosto 1870

Lucis: ¿Crees que no hay grandes pensadores burgueses?

KM: Por supuesto que sí. Y yo les mostré mis respetos escrupulosamente. Pero en la actualidad pocos de mis enemigos se molestan en leer a Adam Smith o a David Ricardo. Y grandes escritores como Chernishevski han quedado olvidados.

Lucis: ¿Qué opina de Jeremy Bentham?

KM: ¡Qué hostilidad! Bentham, ese insípido y pedante augurio de la inteligencia burguesa común. Un fenómeno puramente inglés, que solo se podría haber confeccionado en Inglaterra. Es inaudita la satisfacción con que ese hombre paseaba su simplona vulgaridad.

Lucis: ¿Y qué me dice de los pensadores más recientes? 

KM: Los defensores de las clases acaudaladas, que siguen la moda, intentan una y otra vez encontrar a un rival adecuado para mí. La idea de no contar con un genio reconocido les parece insoportable. De manera que un verano resucitan a Hayek y, en la primavera siguiente, todos se visten de Popper. 

Lucis: De acuerdo. Nadie infravalora su fama, pero debe reconocer que el marxismo ya no es lo que era…

KM: En realidad, mi trabajo nunca ha sido tan importante como ahora. En los últimos cuarenta años, ha conquistado el mundo académico de los países más avanzados del mundo. Los historiadores, los economistas, los expertos de las ciencias sociales e incluso algunos críticos literarios, han enlazado la concepción materialista. No cabe duda de que en muchos aspectos se ha avanzado. Gracias a Dios. Nunca me ha gustado la inmovilidad. El capitalismo avanza siempre y los análisis siguen su estela.

Lucis: Entonces ¿qué ha conseguido? ¿Qué es lo que queda?

KM: Yo dediqué mi vida al estudio del capitalismo. Intenté exponer las leyes de su funcionamiento, de llegar al núcleo de la parte fundamental…

Lucis: Dicen que usted estaba obsesionado con la economía, ¿es eso cierto?

KM: Totalmente. Todos vosotros estáis obsesionados con la economía, y en el futuro más inmediato lo seguiréis estando. ¿Quién es que está obsesionado? ¿Se acuerda de ese político insignificante de Arkansas que se convirtió en presidente de los EEUU y se dedicó a tontear con la becaria? ¿Cómo se llama?

Lucis: Clinton. 

KM: Exacto. “¡Es la economía, estúpidas!” Sí, hijo mío, pero yo lo dije primero.

Lucis: Con unas cuantas palabras más…

KM: Por supuesto, Das Kapital no es una obra breve y de eslogan fácil, pero cuando hizo falta también yo aporté mi colección de buenas frases. “Trabajadores del mundo, uníos, no tenéis nada que perder salvo vuestras cadenas”.

Lucis: Usted recurre a Malthus para advertir que el futuro puede ser catastrófico. ¿Puedo recordarle, señor Marx, que usted fue un victoriano optimista, un hijo de la Ilustración? En el Manifiesto, usted…
KM: ¡El Manifiesto, el Scheisse-manifiesto! Permítame que lo ponga en contexto. Escribí ese maldito texto en febrero de 1848, cuando aún no tenía treinta años. Buena parte de mi trabajo científico estaba por venir. El Manifiesto lo hice por el encargo de un grupo izquierdista insignificante, y lo escribí a toda prisa para entregarlo en la fecha estipulada. Cuando hizo su aparición en las librerías (y esto es una manera grandilocuente de decirlo, porque en 1848 no creo que se vendieran más de mil ejemplares), Europa estaba inmersa en la revolución: Francia, Alemania, Hungría, Polonia, Italia. En todas partes, las masas clamaban por una constitución, por la libertad, por la democracia. El Manifiesto reflejaba el optimismo de aquellos tiempos emocionantes. Creíamos que todo era posible. La imaginación había tomado las riendas.

Lucis: ¿Y después?
KM: Después se asentó la contrarrevolución. Se consiguieron algunas victorias aquí y allá, pero en conjunto los míos perdieron. En Francia, donde habíamos puesto nuestras más grandes esperanzas, se hizo con el poder un pequeño arribista de nombre pomposo, Luis Napoleón. Fue el primer dictador electo de la historia moderna. Yo expliqué que cuando la burguesía se siente amenazada estará dispuesta a ceder su poder al primer sinvergüenza que encuentre. La burguesía se dio cuenta de que su poder político era incompatible con su supervivencia y destruyó su propio régimen, desacreditando su propio parlamento e invitando a Napoleón a gobernar. Entregó su poder a un bribón y el resultado fue la primera teoría del fascismo. O sea que no me diga que me he engañado alguna vez con respecto al pueblo, porque soy capaz de contemplar la realidad más dura con serenidad.

Lucis: Nadie duda de su integridad, lo que es cuestionable es su análisis. Si los gobiernos democráticos pueden ser una amenaza para la burguesía, entonces tiene que ser erróneo decir, como decía usted en el Manifiesto, que el “ejecutivo del estado moderno no es más que un comité para gestionar los asuntos cotidianos del conjunto de la burguesía”.

KM: Y ¿es que no me acerqué bastante a la verdad? ¿Es que no es cierto que todos los gobiernos están limitados por las estructuras del propio capitalismo? ¿No es cierto que, a fin de cuentas, se ven forzados a hacer todo lo posible para asegurar que el capitalismo sea rentable, para entrenar a la masa de trabajadores necesaria, reparar los fallos del sistema y eliminar los residuos que genera por el camino? Y todos lo hacen: todos ellos son esclavos de las exigencias del capitalismo: la izquierda, la derecha y el centro, los socialistas y los fascistas y los liberales y los ecologistas. Cuando llegan al poder tienen que mantener el espectáculo en la cartelera. Si la función tiene éxito, entonces recaudan impuestos, gastan y redistribuyen esto y aquello y ayudan a los pobres y a los enfermos, tal como se hacía en la época victoriana. Mientras los beneficios abundan, los gobiernos se regodean en la moral y la ética. Cuando los beneficios se reducen y la economía entra en uno de los ciclos que yo predije, la filantropía se abandona como si de una amante envejecida se tratase. Entonces, los buenos burgueses descubren que no se puede recaudar impuestos ni gastar dinero público, que los desempleados son parásitos, que la medicina pública es demasiado costosa, que las madres solteras son irresponsables. La conciencia de la burguesía está estrechamente vinculada a las vicisitudes de la bolsa de valores.

Lucis: ¿Y qué me dice de los intelectuales?

KM: Pensadores de segunda fila; en realidad son los lacayos a sueldo de los ricos. Lo que pasa con los escritorzuelos burgueses es que siempre se ponen a filosofar después de los acontecimientos. Recogen basura intelectual, la pulen un poco, la llaman teoría y la presentan como ciencia. Cuando la rebelión contra la modernidad capitalista toma la forma del fanatismo religioso lo llaman “choque de civilizaciones”. El comunismo se viene abajo y anuncian que estamos ante “el fin de la historia”. ¡Oh! ¿Qué diría el pobre Hegel? ¿Antes un gran pensador, después la farsa de Fukuyama?

Lucis: Finalmente, ¿qué me dice de la guerra contra el terrorismo?

KM: En fin, a la larga cada cual escoge a sus enemigos. Es absurdo pensar que un mundo capitalista no va a encontrar ninguna forma de resistencia. Los comunistas y los socialistas ofrecían una oposición racional, moderna, sensata. Compartían muchos de los valores de sus oponentes liberales: unos derechos básicos, la idea de la democracia popular, la emancipación de las mujeres, la aversión por la religión organizada. Pero una vez se ha eliminado a los comunistas y a los socialistas, ¿qué se puede esperar? ¿El triunfo del pensamiento racional? Por supuesto que no. El vacío político lo llenaron los fundamentalistas fanáticos, los intolerantes religiosos, los mulás enloquecidos. Si se liquida a los comunistas en Irán, aparece el Ayatolá. Si se hace lo mismo en Iraq, sale Saddam Hussein. Cae la URSS y emerge Osama bin Laden.

Lucis: Pues muchas gracias por su atención señor Marx, ha sido un placer. Esperamos verle pronto.
KM: Igualmente chicas, hasta la próxima.

https://es.wikipedia.org/wiki/Karl_Marx
https://www.muyhistoria.es/contemporanea/fotos/karl-marx-en-20-datos
https://www.elviejotopo.com/autor/karl-marx/


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